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PICNIC KIBUN: progresión oriental

19.05.09

Un escalafón más arriba. Tras una serie de abrasivas canciones edificadas para danzar con la boca desencajada y un trajín atiborrado en logros para los parámetros locales, Picnic Kibun gesta Fiebre Tagadá, su primer largo. El libreto sigue apelando a un dossier de absorción cosmopolita con esencia libertina, pero, esta vez, el combo encabezado por el japoamericano Harvey Jones adhiere nuevas querencias a su paleta de estilos. Todo por una mejor desenvoltura en su campo de batalla: la pista de baile.

Hay instancias que marcan destinos, revalidan posturas y sustentan instintos. En el foro interno de Picnic Kibun, la creencia impoluta por su marca se fue forjando en base a vivencias en las tablas y espaldarazos sucesivos otorgados por la prensa. Una presentación abriendo a un acto probado, varios meses atrás, sería la revalidación precisa para encumbrar el camino de la formación y brindar el siempre sólido cimiento de la confianza.

Juan Necochea (bajo y guitarra) reedita uno de los momentos memorables de la formación: “Cuando oficiamos de número de soporte de Teleradio Donoso, para el lanzamiento de su disco Bailar y Llorar (2008), en La Batuta, fue algo mágico. Estaba atestado de gente y, cuando nos subimos al escenario, la recepción del público fue muy enérgica. Había muchas personas que nunca nos habían visto, como también personajes de la industria discográfica criolla. Todos, tras finalizar la presentación, se nos acercaban y felicitaban. Fue una noche importante, donde nos dimos cuenta del potencial de nuestro set”.

Los reconocimientos se alinearían como una constante: poco tiempo después obtuvieron un premio en el concurso múltiple de Motorokr. El laurel consistía en una cantidad no menor de horas en el estudio Triana, bajo la supervisión de Carlos Barros, regalía que los Picnic aprovecharían para registrar voces y guitarras. Para la sampledelia y demases, ellos mismos se hicieron cargo, a sabiendas de su experticia en programas como Logic Pro y Ableton Live.

Fiebre Tagadá es el documento idóneo para resumir con elocuencia la iconografía de la formación. Hay una parte importante de los cortes clásicos con que se hicieron un nombre dentro del círculo de bandas emergentes, como también pistas de los nuevos horizontes sónicos del cuarteto, línea que destaca por una rítmica más cortada y rígida.

“Cuando comenzamos, teníamos un sello muy marcado por Aphex Twin y el balanceo instrumental de DJ Shadow. Cristóbal (teclados) y Eduardo (tornamesas y bases) se han sumergido bastante en el mundo del dancehall y el dubstep. Yo con Harvey, por otra parte, estamos escuchando a destajo Justice. Todos intentamos impregnar nuestras nuevas influencias en las composiciones más recientes”, explica Necochea.
Hay varios casos esclarecedores en la placa que atestiguan dicha evolución y balance. ‘Dance Floor Disco Girl’ es un avance que devela escaparates dance a piñón, instaurados en una depurada producción y con cierto aroma lounge. El background que obtuvo Necochea, tras vivir un par de años en Brasil, lo refleja ‘Fosforito Chino’, canción que cuenta con el aporte del cavaquinho, un instrumento de cuatro cuerdas utilizado mayormente en la samba.

En cuanto al mensaje, el grupo prosigue con privilegiar los tópicos recurrentes a las bondades de la vida nocturna, pero también hay atisbos de cambio. Harvey explica aquello: “Hay un tema que se llama ‘Fuck Art, Let’s Kill’, eslogan que tengo en una polera y podríamos definirlo como lo más cercano a un tema político que hemos hecho. Me inspiran en demasía artistas como M.I.A., que ni se inmutan con hacer una pieza contagiosa para la pista de baile y, a la vez, despacharse un petardo contestatario en sus letras”.
Jones profundiza: “‘Fuck Art, Let’s Kill’ habla del hastío de los jóvenes hacia las políticas de estado de los grandes imperios (Estados Unidos, Japón), las cuales optan por desdoblar todo su capital en conflictos bélicos, en vez de avocarlo a la cultura o la educación de los jóvenes. Esa animadversión la cultivé, en gran parte, cuando estaba en el colegio en Estados Unidos, donde prácticamente te obligaban a rendirle culto a la bandera todas las mañanas”.

El título del opus, Fiebre Tagadá, no deja de ser llamativo. Juan evita escepticismos y nos cuenta un poco acerca de la génesis del nombre. “Durante varias sesiones siempre bromeábamos al respecto de tocar en lugares inhóspitos. En reiteradas oportunidades, terminábamos pensando en lo grosso que sería tocar en un tagadá y lo aperrado que era el tipo que se atrevía a bailar al medio, en plena agitación. De esa actitud sale el concepto Fiebre Tagadá y pensamos que calzaba perfecto para encabezar nuestro disco”. Así, Picnic Kibun pretende seguir con su ruta ascendente en el siempre esquivo circuito nacional. De la abstracción a una irremediable concreción. Esto va en serio.

por francisco reinoso

fotografía * daniela león

5 Comentarios enviados:

19.05.09 @ 9:08 pm

Carlo:

Que sorpresa saber que este loco escribe para ustedes (Pancho Reinoso). Me cae ahí no más, pero el loco es uno de los mejores periodistas de música que cacho. Wena adquisición compadres.

20.05.09 @ 4:59 am

Paola:

Picnic Kibun son buenissimos en vivo que bueno el articulo
es proprio como son ellos

25.05.09 @ 5:47 pm

piero:

picnic kibun, de los pocas bandas pro del chipilichí local.
se viene con todo este estilo de baile.

29.05.09 @ 2:07 pm

Neinan:

Es una muy buena banda, de las mejores que he oido en vivo ultimamente, la pregunta es cuando tocan por la V region ?

16.06.09 @ 3:32 pm

OSCAR:

Esta banda es la ZORRA. Me compro el disco apenas salga. Dios mìo me van a salir màs canas.

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