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Hernán Edwards, Canción animal

30.03.09

Llegó a la música cuando apenas era un niño. El jazz, el heavy metal y las clases de guitarra gatillaron su completa dedicación al rock. La vida le dio la oportunidad de canalizar sus buenos y malos momentos en una sala de ensayo y la opción de unirse al boom de la música chilena en los noventa. No la desperdició. Es Hernán Edwards, el guitarrista de Los Ex, que ve en la música su gran y desmedida devoción.

“Acababa de cumplir 19 años cuando entré a los Ex. En los primeros días del grupo, yo era el cabro chico”. Ésa es la primera frase que lanza Edwards. El mismo y delgado músico que veíamos en MTV como exportación del rock chileno, en una década dominada por el grunge y el desenfado. Aquel rubio e inquieto guitarrista que acercaba su melena a la primera cámara en ese pegajoso “Sacar la basura, sacar”. Hoy, Edwards tiene 34 años y una vida dedicada a la creación. “Comencé de muy niño tocando el piano. Mis papás siempre me motivaron y apoyaron esa relación media introspectiva que he tenido con la música. Desde muy joven he sentido que en ésta hay como dos grandes patas que se combinan y obviamente se retroalimentan. Una es como rito y la otra como espectáculo”. A los 11 años encontró una guitarra vieja en su casa y empezó a tocar. En menos de dos años, el heavy metal más estricto corría por sus venas y la frialdad de Slayer y Kreator terminarían por convencerlo de que estaba en lo correcto. “Un tiempo después de la música heavy, tomé clases con Ángel Parra, al mismo tiempo que estaba obsesionadísimo con el jazz. Me iba pésimo en el colegio porque estaba todo el día tocando la guitarra” recuerda con un grado de nostalgia.

Pensar en Los Ex, para muchos, es pensar en Colombina Parra. Es recordar una banda que vivió sus primeros años a la sombra del desmadre clásico de los años noventa. El exceso y la sobreproducción. Pensar en ellos es hacer un parámetro entre una década de sobreexposición y un regreso independiente. Indagar en la vida de esta banda es asombrarse de cómo, un joven y anónimo ex alumno del colegio St. George, marcaría la silenciosa diferencia. “Para mí, la música siempre fue una expresión visceral. Pese a haber estudiado por más de tres años, nunca me atrapó el tema del virtuosismo”. Su opción era llevar sentimiento, garra y darle una manera más salvaje a las composiciones de un grupo que en muy poco tiempo logró el éxito masivo. “Es que fueron muchas las influencias que me llevaron a tener una mirada bastante introspectiva con respecto a la música. Yo tenía una hermana que murió hace como 12 años, la Amelia. Ella pintaba ene y recuerdo que una de las cosas que más me marcó, y con sangre, fue la música que venía de la pieza de al lado”. Su relación con el post-punk, el sonido de unos primeros Cure, Joy Division, Sonic Youth o Bauhaus. “Por mis amistades, yo no tenía acceso a esa música y mi hermana, que era mayor, tenía amigos más viejos que le pasaban cosas extrañas, pero muy adictivas. Recuerdo ese olor a trementina que venía de su cuarto y unas melodías increíbles que me influenciaron mucho. De hecho, el único tesoro que guardo es su vieja colección de cassettes”.

En plena década de los noventa, la música chilena vivía un boom, producto de la contratación masiva de bandas por transnacionales. “Fue en octubre de 1995 que comenzó todo con Los Ex. La Colombina me llamó y hubo química desde un comienzo. La primera canción fue ‘Las Mismas Porquerías’ del disco Caída Libre. En las bandas que resultan, creo que hay una alquimia entre dos cabezas o dos corazones. Ahí se produjo esa explosión entre las canciones hechas de forma acústica y las guitarras ruidosas que hacía yo. Esa suma produjo desde el primer día lo que son Los Ex. En esa época, había dejado el jazz y la Velvet Underground era todo lo que consumía. No podía creer que una banda fuera tan potente y con canciones de apenas dos o tres acordes. Fue bastante química esa unión”. A los pocos meses, el grupo giraba por Santiago y eran parte del codiciado catálogo del sello BMG. Para Edwards, el éxito era inmediato. “Con menos de 20 años, ya debutaba con video en MTV y un disco que estaba en todo Chile. En ese tiempo estaba Pablo, que tenía toda su experiencia con Upa! y para mí era alucinante encontrarme con gente que se tomara la música tan en serio, porque ya había pasado mis rabietas en bandas colegiales”.

Pero no todo era positivo para el cuarteto y las críticas se dejaron sentir, en especial por las dudas que generaba un proyecto que parecía muy importado del formato grunge de aquellos días. “Lo que pudo haber pasado es que cuando juntamos esas guitarras crudas se produjo la alquimia grunge de la época. Obvio que a la gente le pareció raro que haya salido este grupo de las cenizas de los Barracos, que no eran tan rudos. Por eso siento que mi gran aporte tuvo que ver con la sonoridad y la actitud de tomar la canción y cómo llevarla a la banda. Lo contrario a lo que serían los arreglos, que de hecho ni siquiera los había. Creo que fue tan explosivo lo que nos tocó con Los Ex que hizo que se dudara y pusiera en tela de juicio nuestra credibilidad. Pero hubo mucha gente a la que sí le gustó. Vendimos 20 mil copias acá y en Perú la cosa explotó. Cuando llegamos a Lima, el revuelo era como diez veces más de lo que pasaba acá. Las canciones sonaban en muchas radios e incluso habían personas esperándonos en el aeropuerto”. Una sobre exposición que terminaría por agotarlos y que, al poco tiempo, transformaría esa pasión en rutina.

En esos años, todo era tan fácil que al mismo tiempo lucía irreal. Las cosas estaban tan infladas por los sellos que siempre estaba la posibilidad de que se fracturarar. “Algo nos consumió, una especie de rutina. Volvemos al tema de la música como rito o como espectáculo. Nos empezó a consumir la intensidad de la situación. Siempre ha sido muy importante para nosotros la parte íntima, el factor ritual. Pero fue muriendo avasallada por la otra, por la obligación. Por la presión de tocar en todos lados. De hecho tuvimos un disco listo para grabarlo y editarlo en el 98, pero desistimos. Nuestra última gira incluso fue la del verano de 1999”. Pero el retiro momentáneo les sirvió. Con él aprendieron a proteger esa intimidad. Ese protocolo invisible que hace que una banda logre durar por años. “Por eso mismo la pausa. Desaparecimos del mapa, pero estuvimos componiendo durante muchos años. Tratando de recuperar esa mística. El sabor de los primeros ensayos”. Aunque curioso, Hernán Edwards y Colombina Parra decidieron estudiar Arquitectura y no dejar de tocar en ningún minuto. La afinidad en la música existía ya también en lo sentimental y, como pareja, optaron por tomar el mismo destino. “Se podría decir que la arquitectura es música congelada o que la música es arquitectura en movimiento. Tiene todo que ver” Ese misma descanso le sirvió para ahondar más en la dualidad sobre la música como espectáculo y como ritual. “Cuando grabamos el Caída Libre no existíamos en el plano público, por lo tanto, en el nacimiento del grupo, esa perfecta ecuación estaba. Pero después, cuando el éxito fue rápido y masivo, el espectáculo nos comió. No supimos dosificar algunas cosas en esa época”.

Hernán y Colombina pasaron grandes jornadas solos, consumidos por la arquitectura, pero siempre tocando. Probando con cosas experimentales y dándose lujos que antes no tenían. “El examen de título lo dimos juntos y con una presentación. Lo hicimos en un teatro con una proyección audiovisual nuestra y, aunque muchos no lo entendieron, tocamos en vivo. Es una historia muy única porque cerramos ese período de introspección con una vuelta a los escenarios”. Fue la demostración en aquel momento de que el grupo estaba de regreso. “Después de años encerrados, obvio. Lo que hicimos, yo lo tomo con un período de aprendizaje y maduración. Fue libertad absoluta. A partir de eso creamos esquemas que aparecieron en Cocodrila y ahora en Pistola de Plástico”. Los Ex se reinventan y graban su segundo larga duración junto a Claudius Rieth, quien se convierte en el bajista oficial. “Nos faltaba, eso sí, la parte power y tuvimos que salir en busca de Tavo Bascuñan, nuestro batero de siempre, pero que no lo habíamos visto en años. Fuimos al lugar donde vivía y, sin saber exactamente dónde buscar, dimos con su clásico escarabajo destartalado de los noventa. Él estaba haciendo clases de batería. Pero, desde ese encuentro, no hemos vuelto a detenernos”.

La convicción y el deseo los llevó a editar dos discos de forma independiente y estar de vuelta en la escena locales. “Cuando tocamos en vivo siento que nos desdoblamos. Arriba del escenario tratamos de llegar a ese estado de ritual, pero ante la gente. Ahí se produce la combinación del rito y el espectáculo; y lo delirante de no sólo generar una relación especial con tus compañeros de banda, sino que con el público que te está mirando”. Un regreso cargado de adrenalina, canciones y postura antisocial a ratos. “Me siento absolutamente culpable de esa actitud que tiene la banda. Incluso siento que yo despierto un poco ese espíritu en la Colombina y en el resto del grupo. Soy híper introvertido, soy súper reservado y mi válvula de escape definitivamente es la música. Es rabia, euforia, excitación, enojo. Hay muchas cosas ahí en ese pataleo. Siento que es mi modo de comunicación adecuado para mostrar mi estado anímico, mucho más que las palabras. Cuando hago las guitarras en vivo o las doblo en estudio, siento que es ése el canal de expresión perfecto, el que no encuentro en ninguna otra parte. Creo que hay mucha gente en esta sociedad que le pasa lo mismo que a nosotros, pero que no tiene esa vía de escape. No ser loco a veces es lo más insano del mundo”.

La ironía de un suicidio de mentira, del asalto con una pistola de plástico, del disparo ficticio, gatilló un disco vigoroso, personal y maduro. Un trabajo que consagra la métrica y el guión. “En Pistola de Plástico cambiamos la fórmula. Antes hacíamos el disco completo con lujo de detalles en la sala de ensayo. Llevábamos un paisaje sonoro y lo transportábamos, tratando que se dañara lo menos posible, para hacerlo igual dentro del estudio. En cambio ahora jugamos con una libertad previa. A nosotros, el lugar estudio nos parece alucinante, así que estuvimos muy cómodos todo ese tiempo que se grabó, se armó y se pensó dentro de él. Fue sólo llegar con las ideas, todo lo demás se decidió en la marcha. Fue, de verdad, un salto al vacío”. Un disco que acaba de ser editado y que este 2009 dará sus frutos. El resultado de un trabajo, una ideología, una certeza. Un obstinado de la guitarra que, a su temprana edad, es capaz de probar que se es capaz de hacer música con el equilibrio que muchos buscan. “Tenemos un germen en nuestra música que es explorativo, que tiene mucho en común con la dimensión ceremonial.  Pero, para que un discurso musical tenga consistencia, tiene que haber un enlace entre esos dos componentes. La forma y el contenido”, concluye.

Fernando Mujica

Fotos: Felipe Cantillana

4 Comentarios enviados:

24.03.09 @ 11:45 am

Alex:

filete, es livianito de sangreee el loco. grande los ex

24.03.09 @ 1:11 pm

Gibran:

Excelente el “Pistola de Plastico”!!!
Y la nota tambien…

26.04.09 @ 4:54 pm

pepa:

los ex…. la mejor banda!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

19.05.09 @ 7:28 pm

Xary:

Waaaaa !!!
“Los Ex” lejosss la mejor bandaaaa
i HERNANN más RICOOOO
porfaaa :D DDDDDD

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