Los primeros vestigios del Homo Sapiens datan de hace 195.000 años aproximadamente. Durante todo este tiempo (y más) el ser humano se las ha tenido que arreglar para sobrevivir en un medio que siempre le fue bastante hostil. Si bien, los primeros hombres y mujeres en habitar la tierra, solo subsistían gracias a la caza de animales y recolección de frutos, esto cambió rotundamente al momento de descubrir la agricultura y ganadería. En la época neolítica, el ser humano comienza a dar sus primeros pasos en el dominio de estas técnicas, aprendiendo simplemente por prueba y error.
Con el tiempo y como se pueden imaginar, no solo se logró llevar a cabo estos métodos de producción de alimentos, sino que el desarrollo y la experiencia fue tan elevada, que el ser humano ya no se vio en la necesidad de estar todo el día en trabajos de caza o recolección, es más, los habitantes de aquel entonces comenzaron a tener horas de día sin un fin aparente. Pero el ingenio siempre ha sido una virtud tácita del hombre (genérico), y comenzó entonces a explorar nuevas áreas de desarrollo técnico; se comenzó a trabajar en cerámicas, en pieles, utensilios, etc. Y gracias a la fortuna de no tener que estar en constante movimiento como sus antiguos amigos “los nómades”, los indígenas comenzaron a almacenar las primeras pertenencias de la historia.
Fue más o menos (y a grandes rasgos) en este espacio temporal, cuando debido a la relación entre los integrantes de pequeñas tribus, alguien se vio beneficiado por el ingenio del primitivo cerebro humano, el cual se iluminó nuevamente, en una idea que quizás ahora puede no causar asombro alguno, pero que en ese entonces nadie había realizado; pues fue aquí, cuando alguien bajo el deseo de resolver una necesidad para la subsistencia, por medio de un lenguaje que probablemente fue de señas y gritos, logró hacer ¡El primer trueque de la historia! Solo imaginen el elevadísimo proceso mental que desarrolló aquel desconocido hombre, quien logró comprender el hecho, que bajo cierta referencia las cosas pueden ser catalogadas en una misma escala de valor, independiente de que sean de orígenes o tamaños diferentes. Y no es menos complejo imaginar ¿Cómo logro comunicarle esta idea (por medio de un lenguaje de señas) a la persona con quién realizo este trueque? Solo basta reflexionar ¿Qué pasaría si intentásemos hoy en día, detener a alguien en la calle, y sin pronunciar una palabra, tratar de cambiar un reloj por un celular, o cualquier otro aparato? Probablemente no nos vaya muy bien.
Entonces, retomando a este ingenioso hombre primitivo, quien nunca imagino el alcance de su idea, que luego de aquel trueque, se masificó de manera exponencial.
Primero unos alimentos (quizás), luego herramientas, después animales, metales, piedras preciosas, bronce, oro, plata, monedas, billetes, cheques, ¡DINERO!, e incluso virtual, créditos. Y así, cientos de miles de años después, el bloque constructor de la maquina actual llamada economía, es la transacción (Trato por el cual dos partes llegan a un acuerdo comercial). Y esto no podría ser posible, sin la idea de aquel hombre primitivo, que logró cambiar unos alimentos, por pieles, y unas pieles por toda la historia del sistema económico mundial.
