Quise hablarles sobre este tema, tan hermoso, la gratuidad, porque es algo muy importante, y cercano a los que somos estudiantes universitarios. Bueno, no tan cercano para algunos.
Hoy, como todos sabemos, la gratuidad no se concedió como un derecho para todos, sino que es tan solo una beca más de las que entrega el Estado anualmente. Le llamo beca, porque como tal, es la exención de pago, como premio por cumplimiento de algún requisito académico mínimo.
Desde una perspectiva económica, un gratuidad inmediata, como muchos quieren y exigen, implicaría muchos costos públicos, que Chile no está preparado para asumir actualmente, lo que recaería sobre la misma gente, saturándola con mayores impuestos, y falta de trabajo por disminución de inversiones públicas, etcétera; lo que no suena muy bonito.
Desde otra mirada un poco más profunda al individuo, Tengo dos opiniones divergentes, sobre este tema, que al mismo tiempo se unen en una misma idea.
- Pienso primero que nada, que la premiación de gratuidad, al rendimiento académico para algunos, es una buena herramienta discriminatoria, si queremos gente perseverante y que sepa superar límites, ya que se incentiva la lucha y toma de desafíos, no solo en temas académicos, sino que en la vida en general. Ganar algo, o lograr algo, por un gran esfuerzo cometido, es mil veces más gratificante y enriquecedor, que te lo regalen. Y para los no tan aplicados, que tendrían que pagar por su educación, también les serviría de motivación, para esforzarse un poquito más y así conseguir la beca.
Si nos detenemos en este último punto, y miramos los contrastes que se generarían de una educación gratuita para todos, con la cultura que tenemos hoy, de quitarle valor a lo fácil, automáticamente se generaría un relajo con respecto a la educación, de parte de los jóvenes. Generalmente lo más fácil para alguien sería pensar: “Tengo educación gratis por derecho, y la seguiré teniendo, por lo tanto puedo aplazar mis años en la Universidad, y dedicarme más a cosas que me gusten hacer, o reprobar ramos sin preocuparme mucho, total mi bolsillo no sufrirá las consecuencias”. Bah! ¿Esto es lo que queremos? ¿Jóvenes saliendo a los 10 años o más de una carrera tradicional? Definitivamente no.
¿Por qué ocurriría esto? Porque no habría un empujón detrás por sacar una carrera, y lamentablemente nuestra gente hoy se mueve con empujones.
Si esto sucediera, La primera afectada, sería la misma población, que sufriría la falta de profesionales a corto plazo, lo que va de la mano con un decrecimiento económico de un país y su desarrollo… y uf! Lógicamente no queremos eso.
Ahora bien, ¿Cómo podría intersectar ambas ideas que me gustan mucho, de “Esfuerzo por obtener algo” y “Gratuidad para todos”, en una sola?
Yo empezaría por educar a la población, para cambiar nuestra cultura poco a poco – desde los jardines infantiles, hasta en los asilos – por una que nos permita recibir este derecho tan preciado, sin quitarle el gran valor que realmente tiene la educación; la adquisición de conocimiento, la responsabilidad social, para el futuro de todos. Me explico: que no porque me esté costando muchas ‘’lucas’’, tengo que terminar rápido mi carrera, sino, que haya una motivación innata por aprender más, y ser mejor ciudadano y persona.
Después de tener un país totalmente consciente, recién aplicaría una gratuidad igual para todos, sin excepción. Tardaría años en que toda la población cambie radicalmente su manera de pensar, pero cuando es necesario, más vale tarde que nunca.
En resumen, estoy de acuerdo con una gratuidad total, sin distinción, a largo plazo, para no afectar así tan de pronto la billetera del país, pero si queremos que vaya en ascenso, deberíamos en paralelo implementar recursos de educación que fomente el valor del estudio, el gran peso e importancia que tiene ser un profesional, y la responsabilidad social que tenemos todos, para el avance de nuestro país.
Hoy estamos lejos del día en que esto funcione,
pero si damos el primer paso hoy,
cada día podría ser uno menos.
